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En esta sección se dará información económica
que pueda ser de utilidad para el presente y
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INDICE DE ARTICULOS
 
> El nuevo debate cambiario
> Balance del 2002

 
  1/13/2003
  
El nuevo debate cambiario
Luego de la brutal devaluación, el debate cambiario no ha desaparecido sino que ha mutado. Ya quedó atrás la opción de devaluar o dolarizar. Ahora la discusión es si Argentina debería ser un país barato y de salarios bajos en dólares o por el contrario deberíamos dejar que, aprovechando la (aparente) sobreabundancia de dólares, el Banco Central deje caer el dólar y retornemos gradualmente a valores más "normales".
Esta es una polémica típica de economistas, pero hoy pesan más las opiniones de las centrales empresarias, con posiciones antagónicas por los intereses sectoriales que representan. Abogan por un dólar alto los empresarios asociados a la UIA, quienes vuelven a valorizar la protección indirecta de un dólar caro y el hecho que sus deudas pesificadas se licúan en proporción a la devaluación real del peso. Por el contrario, favorecen la caída del dólar los sectores empresarios asociados a las privatizaciones, ya que sus infortunios actuales se explican por el congelamiento de las tarifas en pesos y el impacto de la devaluación sobre su endeudamiento externo en dólares. ¿Quién tiene razón?. En principio, ninguno. Primero porque están opinando sobre aspectos críticos de la política económica en función de sus intereses particulares de corto plazo, sin dar un peso relevante a los intereses generales de largo plazo. Segundo, porque están ignorando que si Argentina va a ser en el futuro un país relativamente caro o barato, no va a ser por una manipulación voluntarista del tipo de cambio sino consecuencia indirecta de otras políticas fundamentales que hay que definir previamente como parte de una estrategia económica de largo plazo.

El realismo de Lavagna

El Ministro Lavagna parece jugado en lo inmediato por la posición del dólar caro. Le asiste la razón del realismo. A este dólar no se llegó por voluntarismo sino por necesidad frente a la fuga de capitales privados que siguió al default y la crisis bancaria (productos ambos de una década de irresponsabilidad fiscal). Por otro lado, la “sobreoferta” de dólares en el mercado cambiario es sólo aparente. Existe un enorme superávit comercial, pero su mayor parte tiene como contrapartida una continua fuga de los ahorros argentinos al colchón o al exterior. Existen de todas maneras excedentes que el Banco Central compra y que dan pie para que se argumente que el dólar está sostenido artificialmente. Pero esta “sobreoferta” es artificial o transitoria por varios motivos. En primer lugar, el Banco Central, en su carácter de agente financiero del Tesoro Nacional, tiene que comprar sistemáticamente divisas en el mercado cambiario para permitirle al Tesoro Nacional pagar los intereses de la deuda. Hoy el servicio de interesesestá limitado a los organismos internacionales y otros pagos menores, pero las necesidades de compra de divisas serían mucho mayores si se regularizara el servicio de la deuda. Segundo, la acumulación de reservas producida durante el tercer trimestre, estuvo artificialmente incentivada por una política muy costosa de colocación de Lebacs a tasas muy elevadas en pesos. En tercer lugar, la acumulación de reservas en las semanas recientes obedece a factores transitorios como la mayor demanda estacional de dinero y una recomposición más permanente (pero finita) de la demanda monetaria explicada por la desaceleración inflacionaria y la reducción de las monedas provinciales en circulación.

El valor del dólar no debe ser un objetivo de política económica

Pero aún si aceptáramos que hoy el dólar tiene que ser necesariamente caro, no está resuelta la polémica de su valor deseable en el mediano y largo plazo. Quienes favorecen un dólar barato, creen que abaratar el dólar es el camino para aumentar el salario y la demanda interna y así reiniciar el crecimiento. Asocian un dólar barato con las reactivaciones producidas con la Tablita de Martínez de Hoz y la Convertibilidad, olvidando que esas reactivaciones basadas en un salario y un consumo insostenible (financiadas con privatizaciones, endeudamiento externo o capitales golondrina), son estrategias de patas cortas antagónicas con un crecimiento sostenible . Reestablecer los precios relativos de la Convertibilidad es una utopía, pero hay también opiniones más moderadas. “El dólar de equilibrio debería acercarse a $ 2,75”, opina el nuevo presidente del Banco Central, Alfonso Prat Gay. Otros dirigentes empresarios visualizan un dólar de $ 2,30 en el mediano plazo. Hay quienes se animan a proyectar un dólar equivalente a $1,70. Como predicciones, todas las opiniones son respetables, pues nadie tiene la capacidad de anticipar los cambios de política y de confianza de los inversores que afectarán decisivamente el valor real del dólar.

Pero otra cosa muy distinta es transformar las predicciones en recomendaciones y aconsejar un determinado nivel para el dólar como si fuera un objetivo válido de política económica. No es aceptable que se aconseje al gobierno a “manejar” el valor (real) del dólar, menos aún cuando la intención es satisfacer solamente los intereses económicos sectoriales que se representan. Los precios relativos en la Argentina (entre ellos el valor del dólar en términos de los precios y salarios internos), serán consecuencia de las políticas públicas que se ejecuten de aquí en adelante (y de la confianza que esas políticas logren recuperar). La verdadera discusión es entonces cuáles son las políticas macroeconómicas más apropiadas para un crecimiento sostenible de la economía en el largo plazo. El valor real del dólar será una mera consecuencia de las políticas que se decidan y su valor responderá al interés general si es que las políticas públicas subyacentes así también lo hacen. Este razonamiento sugiere que si aplicáramos una estrategia económica de genuina inserción comercial en la globalización, que siguiera los principios de una economía de mercado con equilibrio fiscal estricto, las políticas públicas contribuirían a mantener una cotización elevada del dólar. Nada garantiza sin embargo que se mantendría exactamente su actual valor relativo, pues existe un factor crucial remanente que es la confianza de los ahorristas e inversores. A medida que se recupere la confianza en el sistema financiero y en el respeto de los derechos de propiedad, el retorno de capitales provocará una tendencia a la baja del dólar. Este impacto sería sin embargo compensado (en una proporción imposible de precisar) por la liberación de las importaciones, por la eliminación de controles cambiarios y fundamentalmente, por una política fiscal como la sugerida.

Conclusión

El escenario descripto no está para nada garantizado. Por el contrario, los intereses sectoriales pugnarán para que no sea una realidad. La UIA pretende un dólar alto pero sin renunciar a la protección contra las importaciones. La AEA, ante la imposibilidad de un seguro de cambio, probablemente apoye políticas que a través de una baja del dólar, disminuya los problemas del endeudamiento privado externo. El sector financiero probablemente apoye colocaciones de Lebac a tasas altas que aumenten las reservas internacionales, bajen el dólar y mejoren el resultado contable de los bancos. Del sistema político, ni hablemos, aprovecharán cualquier aumento de la recaudación para aumentar el gasto público El tema de fondo es que no deberíamos tener una política económica tironeada por intereses sectoriales, porque esos intereses son irreconciliables con el interés general. La oportunidad en que pudimos conciliar esos intereses dispares se dio cuando alguien desde afuera puso la diferencia, prestándonos como lo hicieron durante la Convertibilidad (y así nos fue). La diferencia ahora después del default es que por muchos años nadie nos prestará para reincidir en nuestras tendencias facilistas. Entonces, desde el punto de vista predictivo, la mayor probabilidad es que en los próximos años el dólar siga siendo caro, ya sea porque triunfan electoralmente quienes no son capaces de generar confianza o porque (mucho menos probable) ganan los que son capaces de generarla pero adoptan las políticas macroeconómicas coherentes con una economía de mercado.

Sintesis de un articulo publicado en el sitio web del centro de estudios Publicos(www.ceo.org.ar) alli podra encontrar otros articulos de Jose L Expert y Mario Tejeiro.
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